domingo, 9 de diciembre de 2007

¡ Ay! Si la primavera
consintiera en visitarme.
Si mi corazón fuera rayo
y mis piernas cuarzos pálidos,
confiables.


¡Ay! Si la soledad
doliera menos
y, la piel se manchara
de pecado,
lo ansiara y provocara.


Nada tensa mis nervios
ni riza mi boca al deseo.
Mansa, relicario, misal,
esta mujer duerme
un sueño blanco e importuno.


Cae la última gota de rocío
entre mis pechos sosegados,
entre mis labios pálidos,
por mis muñecas finas,
por el vientre blando
que, ayer, enamorado,
abría banderas
y entonaba himnos.




© Ana di Cesare. De "Fuegos que no se apagan"

3 Comentários:

MANDALAS POEMAS dijo...

Hola, aquí estoy visitandote. Buen espacio. La poesia vive gracias a estos espacios.

Un abrazo,


Víctor

Ana di Cesare dijo...

Gracias por la visita, Victor :)

fgiucich dijo...

Cuando la primavera fluya sobre el relicario, la soledad quedará entre las gotas de rocío. Me encanta tu poesía. Abrazos.

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