¡ Ay! Si la primavera
consintiera en visitarme.
Si mi corazón fuera rayo
y mis piernas cuarzos pálidos,
confiables.
¡Ay! Si la soledad
doliera menos
y, la piel se manchara
de pecado,
lo ansiara y provocara.
Nada tensa mis nervios
ni riza mi boca al deseo.
Mansa, relicario, misal,
esta mujer duerme
un sueño blanco e importuno.
Cae la última gota de rocío
entre mis pechos sosegados,
entre mis labios pálidos,
por mis muñecas finas,
por el vientre blando
que, ayer, enamorado,
abría banderas
y entonaba himnos.
consintiera en visitarme.
Si mi corazón fuera rayo
y mis piernas cuarzos pálidos,
confiables.
¡Ay! Si la soledad
doliera menos
y, la piel se manchara
de pecado,
lo ansiara y provocara.
Nada tensa mis nervios
ni riza mi boca al deseo.
Mansa, relicario, misal,
esta mujer duerme
un sueño blanco e importuno.
Cae la última gota de rocío
entre mis pechos sosegados,
entre mis labios pálidos,
por mis muñecas finas,
por el vientre blando
que, ayer, enamorado,
abría banderas
y entonaba himnos.
© Ana di Cesare. De "Fuegos que no se apagan"



Hola, aquí estoy visitandote. Buen espacio. La poesia vive gracias a estos espacios.
Un abrazo,
Víctor
Gracias por la visita, Victor :)
Cuando la primavera fluya sobre el relicario, la soledad quedará entre las gotas de rocío. Me encanta tu poesía. Abrazos.
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